lunes, 19 de abril de 2010

CRITICA: FURIA DE TITANES

Director: Louis Leterrier
Año: 2010
Género: Épico/Acción
Interpretes: Sam Worthington, Liam Neeson, Ralph Fiennes, Gemma Arterton, Jason Flemyng y Alexa Davalos

Tan sólo son necesarios diez minutos para saber de qué guisa serán los restantes noventa y pocos de “Furia de Titanes”: guiños iniciales a la original que no pasan de lo anecdótico en una trama totalmente renovada, una banalidad argumental absoluta, y peleas a modo de videojuego disfrazadas de falsa épica y efectos especiales. Esto es, ni más ni menos lo que se le debe exigir de antemano al nuevo blockbuster de la temporada, enésima macroproducción made in USA que nos llega reconvertida en tres dimensiones para poder exprimir hasta el último de los euros. Dirige Louis Leterrier (“El increíble Hulk”) y protagoniza el héroe definitivo de la nueva generación, Sam Worthington. Credenciales más que sobrantes para garantizar como mínimo un eficaz divertimento; cualquier añadido queda fuera de discusión.

A los que disfrutaran con el “Furia de Titanes” original puede que les duela asistir a la reinvención que sufre su entramado, del que se elimina de un plumazo todo dramatismo y lógica para ajustar la nueva versión a los tiempos que corren. El nuevo Perseo, como todo buen valiente de hoy en día, está dispuesto a remover cielo y tierra para acabar con los dioses movido esta vez por la venganza, tras asistir a la muerte de su familia en manos del maléfico Hades. A partir de aquí comienza una aventura que lo lleva a enfrentarse, junto a su equipo de guerreros, a monstruos de todo tipo, desde escorpiones gigantes al temible Kraken que amenaza con destruir la ciudad de Argos.



De la versión de 1981 que dirigiera Desmond Davis quedan tan sólo, por tanto, los núcleos básicos de la historia, o lo que es lo mismo, las bestias que buscan frenar al héroe. Enemigos que serán mejor ir definiendo desde ya como jefes finales término con el que suele referirse a los malosos de las pantallas, pues como ya mencionábamos al principio, el trabajo de Leterrier se transforma en un videojuego puro y duro, tras un impasse de treinta minutos a erradicar lo antes posible de la memoria.

Tras esa ridícula puesta a punto de argumento y personajes, que demuestra sin tapujos las nulas cualidades de la película, ésta salta de escenario en escenario sin apenas dar pie a pasajes intermedios, y se limita simplemente a enfrentar al grupo protagónico a una amenaza tras otra, cada vez más grande de la anterior; a todas ellas corresponde un buen puñado de escenas (supuestamente) épicas también de magnificencia ascendente, repitiendo así la fórmula hasta la extenuación. Afortunadamente y contra todo pronóstico, el batacazo se evita gracias a un devenir que efectivamente progresa in crescendo tanto por la tensión generada como por la espectacularidad audiovisual, de manera que por muy reticente que sea la postura del espectador (totalmente justificada, por supuesto), desde la pelea contra los escorpiones gigantes hasta el maravilloso clímax acaba tarde o temprano rendido a la aventura.



Es entonces, cuando la resistencia se extingue y cualquier atisbo de actividad neuronal desaparece definitivamente de la sala, que dejan de molestar las ridículas justificaciones de su guión, las horteras secuencias en el Olimpo (dignas de videoclip de ABBA) o el hecho de que, por muchas cosas que pasen en pantalla, en el fondo “Furia de Titanes” no va de absolutamente nada. Es más, incluso resultan elementos añadidos a la diversión general, cuyas virtudes despuntan en seguida y se traducen en un ritmo creciente y puntualmente vertiginoso y una puesta en escena con más personalidad de lo esperado capaz de momentos embriagadores.

Al final, sólo queda un pero que se le pueda y deba atribuir realmente a “Furia de Titanes” (esto es, dejando de lado que efectivamente es un bodrio si se piensa demasiado en ella), el único elemento discordante que desde el primer minuto y hasta el último supone una molestia continua. Y este es la tridimensionalidad de última hora que ha sufrido la película, concebida y de hecho creada en dos dimensiones. Esa mala pasada, obligada por parte de las “major” de Hollywood, no sólo le resta algún entero de virulencia a la película, no sólo carece de sentido y nada tiene que aportar al resultado global, sino que encima saca a relucir un sinfín de defectos técnicos demasiado evidentes que ni se aprecian en la versión en dos dimensiones, que desde aquí aconsejamos con fervor. Por lo demás, “Furia de Titanes” es todo lo que debe ser, sin nada menos ni nada más. Como tantos otros blockbusters, es un verdadero desastre imposible si se toma en serio, pero en estos casos lo único que importa es que el producto logre entretener cuanto más mejor.




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